El valor biológico de la proteína animal
El valor biológico de la proteína animal y su rol en cada etapa de la vida
La proteína animal es un macronutriente fundamental para el crecimiento, la reparación celular y el mantenimiento de la salud en todas las etapas de vida. Su calidad y biodisponibilidad la convierten en una de las fuentes más completas de aminoácidos esenciales y micronutrientes críticos, difíciles de obtener en cantidades suficientes a partir de proteínas exclusivamente vegetales.
La calidad proteica se evalúa mediante indicadores como el Protein Digestibility Corrected Amino Acid Score (PDCAAS) y el Digestible Indispensable Amino Acid Score (DIAAS). Carnes magras, lácteos, huevos, mariscos y pescado alcanzan valores cercanos a 1.0, lo que evidencia óptima disponibilidad de aminoácidos esenciales y una alta digestibilidad (Bosch et al., 2016). En contraste, muchas proteínas vegetales presentan deficiencias en lisina, metionina o leucina, lo que obliga a realizar combinaciones dietéticas complejas para cubrir los requerimientos.
En la infancia, el consumo adecuado de proteína animal se asocia con mayor crecimiento estatural, mejor desarrollo cognitivo y menor riesgo de mortalidad en niños menores de cinco años (Murphy & Allen, 2003). Durante el embarazo y la lactancia, provee hierro hemo, vitamina B12, zinc y vitamina A, indispensables para la formación fetal y la prevención de anemia materna (National Academies, 2013).
En adultos mayores, la ingesta de proteína animal contribuye a preservar la masa muscular, reducir el riesgo de sarcopenia y mantener una adecuada función inmune y ósea (Fulgoni et al., 2021). Su biodisponibilidad superior la convierte en una herramienta clave para compensar la reducción natural de la eficiencia metabólica en esta etapa.
En dietas estrictamente vegetales, la menor disponibilidad de aminoácidos esenciales y micronutrientes como hierro, zinc o vitamina B12 incrementa el riesgo de deficiencias, especialmente en niños, gestantes y personas mayores (Smith et al., 2025). Si bien una dieta vegetariana puede ser saludable con planificación y suplementación adecuada, la evidencia respalda que la proteína animal continúa siendo un componente insustituible, sobre todo en etapas de alta demanda fisiológica.
“No se trata de comer más proteínas, sino en elegir fuentes de calidad y en cantidades adecuadas para cubrir nuestras necesidades, cuidando al mismo tiempo nuestra salud y el medio ambiente”
Diana Espín – Presidenta de COLAPA ECUADOR
Impacto del bajo consumo de proteína animal
Consecuencia | Descripción |
Déficit de aminoácidos esenciales | Las proteínas vegetales pueden carecer de lisina, metionina o leucina, dificultando cubrir requerimientos mínimos diarios. |
Pérdida de masa muscular (sarcopenia) | En adultos mayores, acelera la pérdida de fuerza y funcionalidad física. |
Crecimiento estatural insuficiente en niños | La falta de proteína animal se relaciona con menor talla, desarrollo cognitivo limitado y mayor riesgo de morbilidad. |
Anemia y deficiencia de micronutrientes | Menor aporte de hierro hemo, zinc y vitamina B12, críticas en embarazo, lactancia y niñez. |
Fatiga persistente y bajo rendimiento físico | La escasez de aminoácidos limita la síntesis de enzimas y hormonas necesarias para la producción de energía. |
Compromiso en el desarrollo fetal | En gestantes, puede afectar formación de tejidos, sistema nervioso y crecimiento intrauterino. |
Sistema inmunológico debilitado | Menor disponibilidad de proteínas y micronutrientes esenciales reduce la capacidad de defensa del organismo. |
Piel, cabello y uñas debilitados | La baja ingesta proteica afecta la regeneración celular y la calidad de tejidos dérmicos. |
Metabolismo más lento | La falta de proteínas retrasa procesos de reparación, regeneración muscular y balance hormonal. |
Recuperación deficiente tras enfermedad o esfuerzo físico | Reduce la capacidad del cuerpo para sanar, reconstruir tejidos y recuperar energía. |
Mayor riesgo de deficiencias nutricionales en dietas exclusivamente vegetales | La baja biodisponibilidad de nutrientes críticos (hierro, zinc, B12) aumenta el riesgo de déficit en poblaciones vulnerables. |
Descargar Artículo de la Cámara de Acuacultura aqui:













