Proteínas de origen animal y su rol en la nutrición

Proteínas de origen animal y su rol en la nutrición a lo largo del ciclo de vida COLAPA

Proteínas de origen animal y su rol en la nutrición a lo largo del ciclo de vida

Marco científico y alineación con Dietary Guidelines 2025–2030

Las Dietary Guidelines for Americans 2025–2030 reafirman el papel central de las proteínas dentro de patrones alimentarios basados en alimentos reales, densos en nutrientes y mínimamente procesados. Desde un enfoque fisiológico, la proteína no solo cumple una función estructural, sino que participa activamente en procesos metabólicos, inmunológicos, hormonales y neurológicos. La guía recomienda una ingesta diaria aproximada de 1,2 a 1,6 g de proteína por kilogramo de peso corporal, ajustada a edad, estado fisiológico y nivel de actividad.

Dentro de este marco, las proteínas de origen animal, pollo, huevo, carnes, pescado y lácteos, ocupan una posición prioritaria por su alta biodisponibilidad, perfil completo de aminoácidos esenciales y aporte concomitante de micronutrientes críticos.

Calidad proteica y biodisponibilidad

Desde el punto de vista nutricional, las proteínas animales se consideran de alto valor biológico porque contienen todos los aminoácidos esenciales en proporciones adecuadas para las necesidades humanas. Además, presentan una mayor digestibilidad en comparación con muchas fuentes vegetales, lo que se traduce en una utilización más eficiente para la síntesis de tejido muscular, enzimas, hormonas y neurotransmisores.

A esto se suma su aporte de nutrientes clave como hierro hemínico, zinc, vitamina B12, colina, calcio y vitamina D, cuya absorción y aprovechamiento es superior cuando provienen de alimentos de origen animal.

Importancia según etapa del ciclo de vida

  • Infancia y niñez

Durante los primeros años de vida, la proteína es esencial para el crecimiento lineal, el desarrollo neurológico y la maduración del sistema inmune. Las guías recomiendan introducir tempranamente alimentos ricos en proteína animal, como huevo, pollo, carnes y lácteos; en formas seguras y apropiadas para la edad. Nutrientes como hierro, zinc y colina resultan críticos para prevenir retrasos en el desarrollo cognitivo y motor.

  • Adolescencia

La adolescencia es una etapa de rápido crecimiento, aumento de masa muscular y ósea, y mayores requerimientos de hierro, especialmente en mujeres por el inicio de la menstruación. Las proteínas animales aportan aminoácidos esenciales junto con hierro de alta biodisponibilidad y vitamina B12, fundamentales para cubrir estas demandas aumentadas y prevenir deficiencias nutricionales.

  • Adultez

En la adultez, una ingesta adecuada de proteína animal contribuye al mantenimiento de la masa muscular, la regulación metabólica y la prevención de enfermedades crónicas. El consumo regular de proteínas de alta calidad favorece la saciedad, el control del peso corporal y la preservación de la funcionalidad física, especialmente cuando se combina con actividad física.

  • Embarazo y lactancia

Durante el embarazo y la lactancia, las necesidades proteicas y de micronutrientes aumentan significativamente. Las guías destacan el rol de alimentos de origen animal por su aporte de proteína, hierro, folato, colina, vitamina B12 y ácidos grasos esenciales, nutrientes determinantes para el desarrollo fetal, la producción de leche materna y la salud materna.

  • Adultos mayores

Con el envejecimiento, se produce una pérdida progresiva de masa muscular (sarcopenia) y una menor eficiencia en la síntesis proteica. Por ello, los adultos mayores requieren proteínas de alta calidad y fácil digestión, características propias de las fuentes animales. Su consumo adecuado contribuye a mantener la fuerza, la movilidad, la salud ósea y la independencia funcional.

Proteínas animales y salud pública

Desde una perspectiva de salud pública, las proteínas de origen animal juegan un rol estratégico en la prevención de la malnutrición, tanto por déficit como por calidad inadecuada de la dieta. Las Dietary Guidelines enfatizan que estas proteínas deben consumirse dentro de patrones alimentarios equilibrados, utilizando métodos de cocción saludables y priorizando alimentos sin ultraprocesamiento.

En este contexto, la industria agroalimentaria constituye un actor clave del sistema alimentario, al garantizar la producción, disponibilidad y accesibilidad de proteína animal de calidad, bajo estándares sanitarios, de inocuidad y trazabilidad. Su rol es fundamental para que las familias puedan acceder de manera sostenida a alimentos nutritivos, seguros y culturalmente aceptados, contribuyendo así a la seguridad alimentaria, a la nutrición poblacional y al cumplimiento de las recomendaciones nutricionales a lo largo del ciclo de vida.

En conclusión, la evidencia científica actual respalda de manera consistente la importancia de las proteínas de origen animal como componentes esenciales de una alimentación saludable a lo largo de todo el ciclo de vida. Su alta calidad nutricional, biodisponibilidad y densidad de micronutrientes las convierten en herramientas clave para apoyar el crecimiento, el desarrollo, la salud metabólica y el envejecimiento saludable, en coherencia con las recomendaciones establecidas en las Dietary Guidelines for Americans 2025–2030.

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